Simplemente, hoy me he dado cuenta...
Hoy me doy cuenta, que las mejores cosas de la vida no siempre se presentan en el momento en que uno las necesita, ni cuando uno las desea. Llegan de manera inesperada, así como suelen llegar los más tristes momentos de la vida.
Contemplar la lluvia y sentir alegría por lo calida que pueda parecer, puede generar felicidad en miles de personas, vivir momentos de tristeza cuando llueve, pensando en aquellas personas que no tienen un techo donde refugiarse, nos puede crear apatía, melancolía y depresión.
Amar a alguien, puede llenarnos el corazón y el alma de ilusiones, anhelos, ganas de vivir, pero tener la sensación de no valer nada, de no merecer el cariño, el afecto y el amor de otras personas, puede llegar a derrumbar un mundo en el que la felicidad y el amor son lo esencial para seguir vivo.
Mi vida, se ha convertido en un ir y venir de emociones, en un cúmulo de tristezas y alegrías, en noches llenas de fantasmas y miedos, en donde el día me brinda un poco de tranquilidad y en donde el llegar de la noche, torna mi mundo de temores y ganas de poder decir al fin “adiós”. La inseguridad; mi peor enemigo, la tristeza; el veneno que recorre mi alma, la soledad; la guerra con la que siempre combato, el miedo; la derrota que siempre saboreo, la noche; la bala que me derrumba a diario.
La tormenta arrasando con la felicidad, es aquella que se desató el día de mi partida, el día en que los miedos y la inseguridad inundaron mi alma. Los sentimientos que me acompañan hoy, no son aquellos con los que estoy acostumbrada a vivir, a desarrollarme, a convivir. Mi alegría es mi mayor fortaleza, pero ¿qué puedo hacer, cuando mi fortaleza se debilita, y en lugar de alegrías me siento llena de tristezas?
Quisiera llorar, gritar, decir lo que siento, ser escuchada, me encantaría que alguien pudiera entender esto que siento y que no solo lo tomará como tonterías, cursilerías, locuras, inmadures, quisiera encontrar la mejor solución y la medicina correcta para estos momentos de depresión que día a día que los vivo, se llevan mis ganas de vivir.
Me gustaría encontrar mi sitio, el lugar en donde me gustaría vivir, los momentos que me brinden tranquilidad, todo aquello que me haga soñar nuevamente, que me llene de esperanzas. Me gustaría, reír sin fingir alegría, entonar un canto jubiloso, volver a contemplar un amanecer, un atardecer y un anochecer completamente tranquila, feliz, llena de vida, de deseos, de tranquilidad, de todos aquellos sentimientos que hagan completamente dichosa.
Todo lo que hoy siento, no es un reproche que le haga a alguien, o que se lo haga a la vida, es un sentimiento que se ha alimentado de mis debilidades, de esa inseguridad que siento como persona, de mi autoestima, que buscando y pensando, no logro encontrar la respuesta del por qué se ha venido abajo.
Muchas son mis preguntas y pocas son mis respuestas, sólo se lo que siento, sólo se lo que quiero, y lo que quiero es vivir sin depresión, sin tristezas, sin miedos, sin fantasmas que no logro pero que están cada temo y cada que llega la noche. Fantasmas que esfuman, cuando las palabras se me acaban, y ya no puedo seguir explicando todo aquello que este mundo, esta vida, las personas y mi familia me han hecho sentir, llorar, desfrutar y odiar.
No odio el amor, odio no creer completamente en el.
No odio la amistad, odio no saber ser una buena amiga.
No odio la hermandad, odio no saber ser hermana.
No odio la tristeza, odio no saber combatirla.
No odio la apatía, odio sumergirme en ella.
No odio a mis padres, odio no valorarlos.
No me odio yo, odio no quererme lo suficiente para poder ser feliz.
(Erika, “LUNITA”)
Contemplar la lluvia y sentir alegría por lo calida que pueda parecer, puede generar felicidad en miles de personas, vivir momentos de tristeza cuando llueve, pensando en aquellas personas que no tienen un techo donde refugiarse, nos puede crear apatía, melancolía y depresión.
Amar a alguien, puede llenarnos el corazón y el alma de ilusiones, anhelos, ganas de vivir, pero tener la sensación de no valer nada, de no merecer el cariño, el afecto y el amor de otras personas, puede llegar a derrumbar un mundo en el que la felicidad y el amor son lo esencial para seguir vivo.
Mi vida, se ha convertido en un ir y venir de emociones, en un cúmulo de tristezas y alegrías, en noches llenas de fantasmas y miedos, en donde el día me brinda un poco de tranquilidad y en donde el llegar de la noche, torna mi mundo de temores y ganas de poder decir al fin “adiós”. La inseguridad; mi peor enemigo, la tristeza; el veneno que recorre mi alma, la soledad; la guerra con la que siempre combato, el miedo; la derrota que siempre saboreo, la noche; la bala que me derrumba a diario.
La tormenta arrasando con la felicidad, es aquella que se desató el día de mi partida, el día en que los miedos y la inseguridad inundaron mi alma. Los sentimientos que me acompañan hoy, no son aquellos con los que estoy acostumbrada a vivir, a desarrollarme, a convivir. Mi alegría es mi mayor fortaleza, pero ¿qué puedo hacer, cuando mi fortaleza se debilita, y en lugar de alegrías me siento llena de tristezas?
Quisiera llorar, gritar, decir lo que siento, ser escuchada, me encantaría que alguien pudiera entender esto que siento y que no solo lo tomará como tonterías, cursilerías, locuras, inmadures, quisiera encontrar la mejor solución y la medicina correcta para estos momentos de depresión que día a día que los vivo, se llevan mis ganas de vivir.
Me gustaría encontrar mi sitio, el lugar en donde me gustaría vivir, los momentos que me brinden tranquilidad, todo aquello que me haga soñar nuevamente, que me llene de esperanzas. Me gustaría, reír sin fingir alegría, entonar un canto jubiloso, volver a contemplar un amanecer, un atardecer y un anochecer completamente tranquila, feliz, llena de vida, de deseos, de tranquilidad, de todos aquellos sentimientos que hagan completamente dichosa.
Todo lo que hoy siento, no es un reproche que le haga a alguien, o que se lo haga a la vida, es un sentimiento que se ha alimentado de mis debilidades, de esa inseguridad que siento como persona, de mi autoestima, que buscando y pensando, no logro encontrar la respuesta del por qué se ha venido abajo.
Muchas son mis preguntas y pocas son mis respuestas, sólo se lo que siento, sólo se lo que quiero, y lo que quiero es vivir sin depresión, sin tristezas, sin miedos, sin fantasmas que no logro pero que están cada temo y cada que llega la noche. Fantasmas que esfuman, cuando las palabras se me acaban, y ya no puedo seguir explicando todo aquello que este mundo, esta vida, las personas y mi familia me han hecho sentir, llorar, desfrutar y odiar.
No odio el amor, odio no creer completamente en el.
No odio la amistad, odio no saber ser una buena amiga.
No odio la hermandad, odio no saber ser hermana.
No odio la tristeza, odio no saber combatirla.
No odio la apatía, odio sumergirme en ella.
No odio a mis padres, odio no valorarlos.
No me odio yo, odio no quererme lo suficiente para poder ser feliz.
(Erika, “LUNITA”)


1 Comments:
Unas excelentes palabras para alquien como yo que necesita escucharlas
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